De esta manera, se entiende que las crisis alimentarias, energéticas, ecológicas, económicas, sociales y políticas no son casuales o coyunturales; sino, procesos interrelacionados causados por los propios sistemas sociales que dirigen nuestras sociedades. Ellos, no solamente originan violencia, dolor y desesperanza estructurales, sino también, impiden a nuestras sociedades el poder encontrar soluciones reales a las crisis mencionadas.
Nuestra América, a su vez, se sostiene en las resistencias y alternativas que surgen en este contexto. Los procesos de movimientos sociales en el continente abren caminos de cambio, inciertos pero necesarios, para construir sociedades más justas, solidarias, democráticas y sostenibles. En la presente publicación se explora estos procesos de movimientos y los otros futuros posibles que viven en ellos.








