Opinión

La revuelta de los 20 centavos

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Vía: La Vaca

Raúl Zibechi pone en contexto un hecho histórico: Brasil en la calle y de pie.

El aumento del precio del transporte fue la brecha por la que se coló el profundo descontento que vive la sociedad brasileña. En apenas dos semanas las movilizaciones se multiplicaron: de cinco mil los primeros días a más de un millón en cien ciudades. La desigualdad, la falta de participación y la represión son los grandes temas.

Los abucheos y rechiflas dieron la vuelta al mundo. Dilma Rousseff no se inmutó pero sus facciones denotaban incomodidad. Joseph Blatter sintió la reprobación como algo personal y se despachó con una crítica a la afición brasileña por su falta de "fair play". Que la presidenta de Brasil y el mandarían de la FIFA, una de las instituciones más corruptas del mundo, fueran desairados por decenas de miles de aficionados de clase media y media alta, porque los sectores populares ya no pueden acceder a estos espectáculos, refleja el hondo malestar que atraviesa a la sociedad brasileña.

Lo sucedido en el estadio Mané Garrincha de Brasilia saltó a las calles, amplificado, el lunes 17 cuando más de 200 mil personas se manifestaron en nueve ciudades, en particular jóvenes afectados por la carestía y la desigualdad, que se plasma en los elevados precios de servicios de baja calidad mientras las grandes constructoras amasan fortunas en obras para los megaeventos a cargo del presupuesto estatal.

 

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Crónica del inicio del paro indefinido el 17 de junio 2013: Lxs Guardianes en la laguna El Perol instalan un nuevo puesto de defensa.

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PDTG  Perú.-

"...la sangre del pueblo tiene rico perfume, huele a jazmines, violetas, geranios y margaritas, a pólvora y dinamita, carajo! a pólvora y dinamita, carajo! a pólvora y dinamita..."

Cantando Flor de Retama, así como otros huaynos y carnavales cajamarquinos de lucha, abrigamos la noche del 17 de junio, allá en las alturas, alrededor de la Laguna El Perol. A punta de cañazo y hoja de coca fuimos resistiendo el frio, la lluvia y la helada de la puna a más 4000msnm. La emoción y la conciencia de estar apostando por una lucha justa y necesaria vencían al hambre y el cansancio físico producto de las largas horas de viaje y andar desde Celendín.

A tempranas horas de la mañana nos encontramos con miles de campesinos y campesinas que llegaron en camiones y camionetas, en moto, a caballo y a pie desde las provincias de Celendín, Hualgayoq y Cajamarca, todas ellas afectadas por el proyecto minero Conga. Era un río de ponchos y sombreros que se reunía en la tranquera que controla la policía nacional a pocos metros de la Laguna Azul. Siguiendo la lógica "el mundo al revés" nos encontrábamos delante de una carretera pública en la cual el Estado invierte día y noche en servicios policiales para que bloqueen el paso de transporte a todo el mundo menos a la empresa privada Yanacocha. Muchos encuentros en las lagunas terminan con brutal represión. Sin embargo esta vez, por alguna razón estratégica no habían recibido la orden de reprimir hasta matar, así que emprendimos nuestro rumbo tranquilxs, pasamos por sus espaldas y continuamos caminando por lo menos dos horas hasta llegar a la Laguna El Perol, la cual quieren transvasar para convertirla en uno de los tajos abiertos del megaproyecto minero Conga.

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¿Quién es indígena?

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Martes, 18 de junio de 2013 | 4:30 am

Por: Rocio Silva Santisteban

"Ahora la palabra indio me parece que ya tiene un sustento más justo, un contenido más justo; indio ya quiere decir hombre, económica y socialmente explotado y, en ese sentido, [...] en el Perú, todos somos indios de un pequeño grupo de explotadores". Esas son las reflexiones de José María Arguedas para tratar sobre el gran tema de dominación de nuestro país desde ese mortífero encuentro en Cajamarca: la imposición de los españoles sobre los incas en un reguero de sangre y humillaciones sostenidas durante siglos. Este proceso que Aníbal Quijano denomina la colonialidad del poder, es decir, la institución sobre el racismo de la distribución del trabajo asalariado, no asalariado, explotador, servil y considerar que la dicotomía civilización-barbarie no era solo una clasificación espacial sino temporal: los de "antes" eran los primitivos, los de "ahora" son los civilizados. Por eso el indígena vivía en un "antes" y tenía que ser civilizado para vivir los tiempos que corren. "El indígena es visto como un ser carente: le falta civilización, le falta moral, le falta Dios" ha sostenido Alberto Chirif en un taller de Pueblos Indígenas la semana pasada.

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La sociedad de la descolonización

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Por: Raúl Zibechi

Via La Jornada de México

En principio todos estamos contra el colonialismo y contra el patriarcado. Todos defendemos la necesidad de la descolonización y la lucha antipatriarcal, tanto en el pensamiento crítico como en la actividad concreta. Es casi imposible encontrar personas, por lo menos en la izquierda y en los movimientos, que defiendan el machismo y el eurocentrismo colonialista. Sin embargo, las cosas no son tan sencillas cuando se trata de aceptar que el otro, y la otra, son sujetos autónomos. Sobre todo si son indios, negros y pobres.

El colonialismo se nos cuela en el alma y en el cuerpo alentado por inercias tan invisibles como el propio patriarcado. Las opresiones, a diferencia de la explotación, no pueden medirse como se mide la tasa de ganancia o la plusvalía. Son relaciones que nos atraviesan, nos modelan, están tanto fuera como dentro de nosotros y, por lo tanto, no se pueden combatir sin involucrarse integralmente. Sin embargo, la opresión es tan estructural como la explotación capitalista y sus efectos no son menos dañinos.

El sociólogo puertorriqueño Ramón Grosfoguel recupera parte del análisis de Frantz Fanon, quien divide el mundo en dos: la zona del ser y la zona del no ser. El complejo entramado de jerarquías de poder puede, en última instancia, reducirse a dos jerarquías que son las que determinan las demás. La opresión racial es el nudo que permite distinguir ambas zonas. Mientras en la zona del ser se reconoce la humanidad de las personas, en la del no ser esa humanidad es negada.

 

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LA EDUCACIÓN Y LOS LGTB

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Por: Verónica Ferrari

Vía: Diario 16

En el colegio nunca me hablaron de eso. En mi casa tampoco. Cuando era pequeña podía ver el desprecio que se cernía sobre lesbianas, gays y transexuales, incluso en mi propia familia, y a los siete años, cuando me di cuenta de que me gustaban las chicas, imaginé el mismo desprecio sobre mí. Era una niña muy pequeña y llena de miedo, no se lo dije a nadie, ni a mi hermana mayor por un año, ni a mi mejor amiga, ni a mi madre. Quería que me siguieran queriendo y silencié totalmente ese aspecto de mi vida, así que traté de ser lo más "normal" posible. Y tuve muchos enamorados e incluso conviví con el papá de mi hija por muchos años, pero vivía con una insatisfacción terrible que trataba de llenar con lecturas, películas y estudios. Tratar la mayor parte de tu vida de ser alguien que no eres no es justo para nadie. Porque lo que yo sentía era real, no era una abstracción ni una hipótesis, estaba en mí y todos los días trataba de matarlo, para que otros me quisieran, me respetaran y me trataran como a un igual. Y eso era lo que yo quería ser: igual.

Ya adulta y con una hija a mi lado, pude comprender lo que me pasaba, aceptar mi lesbianismo y empezar a ser realmente feliz. Pero toda esta infelicidad pudo haberse evitado si a mí me hubieran hablado de la homosexualidad sin complejos ni prejuicios. Si me hubieran dicho que valía tanto como cualquier heterosexual siendo lesbiana, si me hubieran educado en respeto, amor y comprensión hacia los demás y hacia mí misma. Pero no, nuestra educación es una educación que niega al ser humano al no reflejarlo. Lo que yo sentía y quería, dentro del currículo educativo, era nada. El colegio, al no referirse nunca a mi existencia y a la existencia de millones como yo, solo aumentó mis dudas y temores a niveles exponenciales que hicieron de mi vida, y de la vida de millones, una jaula de la que no podíamos escapar.

 

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